Cronocidio y Antología de palabras perdidas.

Se le acusa de Cronocido.

Es una manera de juntar recuerdos.

Tengo más madrugadas que tardes.





Instagram

Jul 16

Carta a una mujer sin sombrero.

Lo veo todas las noches, mientras se quita los zapatos con los pies, al mismo tiempo que revisa el pocillo sobre el escritorio; lo veo todas las noches cuando, ensimismado en sus recuerdos, saca la colcha blanca del armario y dobla el tendido de cama. 

Veo cómo después de cada calada intenta sacarte de su vida como el humo de sus pulmones. Sigue sin entender que ya te fuiste o que nunca estuviste, lo mismo da ahora. Veo cómo sus cigarrillos se hacen cada vez más pequeños y sus vacíos más grandes, entonces llueve por sus mejillas y el registro hídrico de su desdicha refleja las nubes anaranjadas de una ciudad que lo asfixia con tranquilas madrugadas. 

Veo sus maneras molestas y sus uñas comidas por la ausencia, lo veo saciando el primitivo placer de la carne con su propia carne, veo cómo garabatea en hojas amarillas y lo veo ir por leche a la cocina, mientras la sirve piensa en todo lo que no ha hecho y en los días que no vendrán.

Yo le hablo de ti pero a él casi no le gusta, intento persuadirlo mientras se quita las medias sentado en la cama, pero me pide que haga silencio y se da un sorbo de leche. Le hablo de ti cuando busca en la oscuridad el abrazo que perdió hace algunos meses, él me responde haciendo una mueca de fastidio y sigue abrazando imaginarias caderas. Algunas noches, le dejo un papel con tu nombre escrito, lo he visto arrugándolo frustradamente antes de tirarlo por la proa de su cama. Yo también estoy en la proa y navegamos juntos, le pido cigarrillos y cuando tiene me da, una vez le quedaba uno y uno me dió. Me regala cigarrillos con una sóla condición: no hablar de ti. 

Susurra tu nombre en la ducha y tiene el hábito de levantar una ceja cuando otros preguntan por ti.

Me da tanta pena verlo así, con tanto sudor tuyo y con tanta piel en el basurero. Por eso te escribo, para que me digas qué hacer, qué me invento, qué colores uso, qué chaqueta me pongo. Para eso te escribo, maldita sea, para que me expliques la manera en la que tú le quitabas el frío sin tocarlo. Él se quiere dejar ayudar, pero el problema es que consigue los escudos más inverosímiles, una moto blindada, unos guantes antibalas, una pistola de agua, un lapicero negro. 

A él lo veo todas las noches sumergiéndose en los rincones más oscuros de la distancia marítima que traza sobre un globo terráqueo que recuerda usó en la escuela. 

Tendrás que disculpar lo atropellado de mi carta, lo desesperado de mis renglones. Tendrás que perdonar esta manía absurda de pedir tu opinión para disipar sus tinieblas. Tendrás que perdonarme, porque cuando me lo encuentro en la calle le pido sus ojos y me los pongo un ratico, para verte en sus recuerdos porque en los míos no te encuentro. 

Yo también pienso en ti todas las noches, porque todas las noches lo veo.

M.


  1. cronocidioyantologia posted this